Durante años, una de las reglas básicas de los mercados privados fue aceptar la iliquidez. Quien entraba en private equity, venture capital, real estate privado, infraestructura o fondos alternativos sabía que el capital quedaba comprometido por años. La recompensa potencial estaba asociada justamente a esa paciencia: menos liquidez, más prima esperada.
Esa regla no desapareció. Pero está cambiando.
Los mercados secundarios están transformando la forma en que inversores, sponsors, gestores y familias patrimoniales piensan la liquidez. Lazard estimó que el mercado secundario creció con fuerza en 2025, alcanzando un volumen transado aproximado de USD 233 billion, con operaciones GP-led y LP-led en niveles muy similares. Esa cifra no es solo un dato de mercado. Es una señal de maduración.
Cuando una clase de activo desarrolla mecanismos más profundos para transferir posiciones, crear liquidez y reordenar carteras, deja de ser un compartimento cerrado. Empieza a comportarse como una arquitectura más flexible.
Los secondaries están convirtiendo la iliquidez en una variable negociable.
Para entenderlo, hay que separar dos mundos. En una transacción LP-led, un inversor vende su participación en un fondo antes del vencimiento natural. En una operación GP-led, el gestor impulsa una solución para dar liquidez a inversores existentes o extender la vida de activos que todavía considera valiosos. Ambas estructuras responden a un mismo problema: el tiempo del activo no siempre coincide con el tiempo del inversor.
Bain observa que, aunque las salidas y el valor de exits mejoraron en 2024, las distribuciones como proporción del NAV cayeron a niveles bajos dentro de una perspectiva de más de una década. Muchos inversores no dejaron de creer en private equity. Lo que sienten es congestión. Capital atrapado.
En private markets, el contrato es parte del activo.
Para clientes patrimoniales, acceder a mercados privados exige entender no solo la tesis de inversión, sino también la ruta de salida. Un fondo puede ser excelente y aun así no ser adecuado para un cliente que necesitará liquidez en cinco años. Una estructura semi-líquida puede parecer cómoda, pero debe analizarse con cuidado: liquidez prometida no siempre significa liquidez garantizada.
Los secondaries también pueden ofrecer oportunidades, no solo salidas. Comprar posiciones secundarias permite entrar en carteras más maduras, con mayor visibilidad sobre activos subyacentes y menor duración esperada. Pero exige disciplina. Un descuento atractivo puede esconder problemas de calidad, saturación de cartera o supuestos demasiado optimistas sobre exits futuros.
En mercados privados, la información es menos transparente que en mercados públicos. Por eso, la selección de gestores, los derechos del inversor, la estructura de fees, las ventanas de liquidez y la calidad del reporting pesan mucho más. El contrato no es el acceso al activo. El contrato es parte del activo.
El capital sofisticado no compra solamente retorno esperado. Compra diseño.
Los mercados privados no deben idealizarse. Deben estructurarse. En un mundo de tasas cambiantes, IPOs selectivas, M&A irregular y presión de liquidez en carteras institucionales, los mercados secundarios seguirán ganando importancia como parte central del ecosistema privado.
Para el cliente UHNWI o family office, la conclusión es clara: la liquidez ya no debe pensarse al final de la inversión. Debe diseñarse al inicio.
El capital privado inteligente no busca eliminar la paciencia. Busca que la paciencia tenga estructura.